¿Conoce alguien ese momento en el que alzas la cabeza hacia el cielo y presagias que está a punto de llover? Ves el cielo gris, oyes estruendos procedentes de los truenos. Creo que la sensación que tengo ahora sé asemeja bastante a esto, pues siento que mis ojos tornan grises, con un aire de estruendos acompañado de uh dolor constante que me indica que va a llover. Y esa sensación no desaparece. Tendré que llevar paraguas siempre conmigo sí no quiero hundirme en los charcos.
Hey Darling
jueves, 23 de enero de 2014
domingo, 19 de enero de 2014
En un mar de dudas...
Es difícil saber con exactitud que sentimos, o al menos así es en mi caso. La vida está tan previamente planificada que las pautas que te dan a seguir se te clavan cómo puñales. Nunca me ha gustado hacer lo que me ordenan sí no estaba de acuerdo con tal orden. Creo que no sé sentir, de verdad. ¿Cómo alguien es capaz de saber que ama de esa manera especial, sí no puede compararlo con otra cosa? Podemos confundir sentimientos, o se pueden ir, digo yo. Nada es para siempre y las cosas con el tiempo se evaporan. Por eso adoro la expresión nadar en un mar de dudas, quizá porque estoy familiarizada con tal sentimiento, te encuentras en un lugar dónde miles de ideas llegan a tu cabeza y no sabes a que salvavidas agarrarte, que escoger... Al fin y al cabo las cosas llegan solas, y no importa las veces que planeemos nuestro destino, que ya se las apañará éste para ponerlo todo patas arriba.
viernes, 3 de enero de 2014
Tarde lluviosa
¿No os ha pasado nunca eso de que pasas parte de la tarde con amigos y al llegar a casa no sabes qué hacer? Es como que una parte de ti sé ha ido y en ese momento no no sabes qué hacer sin ellos.
Entonces miras por la ventana cómo caen las gotas de lluvia caen sobre el asfalto ya mojado, y dejas que tu mente divague de un pensamiento a otro, sin pararte realmente en ninguno de ellos. Te dejas llevar supongo. Y comienzas a tener pensamientos extraños, que no sabes ni de dónde han salido ni dónde están ni a dónde irán, simplemente lo sientes y sabes que están ahí. Algunos de ellos,destructivos, te asustan. Y es que, ¿a quién no le cambia una tarde lluviosa? Son aquellas que te ponen los sentimientos a flor de piel, te hacen reflexionar y lo peor, pensar. Sin embargo, he de decir que me encanta las tardes de lluvia, siempre se saca algo bueno de ellas.