¿No os ha pasado nunca eso de que pasas parte de la tarde con amigos y al llegar a casa no sabes qué hacer? Es como que una parte de ti sé ha ido y en ese momento no no sabes qué hacer sin ellos.
Entonces miras por la ventana cómo caen las gotas de lluvia caen sobre el asfalto ya mojado, y dejas que tu mente divague de un pensamiento a otro, sin pararte realmente en ninguno de ellos. Te dejas llevar supongo. Y comienzas a tener pensamientos extraños, que no sabes ni de dónde han salido ni dónde están ni a dónde irán, simplemente lo sientes y sabes que están ahí. Algunos de ellos,destructivos, te asustan. Y es que, ¿a quién no le cambia una tarde lluviosa? Son aquellas que te ponen los sentimientos a flor de piel, te hacen reflexionar y lo peor, pensar. Sin embargo, he de decir que me encanta las tardes de lluvia, siempre se saca algo bueno de ellas.
viernes, 3 de enero de 2014
Tarde lluviosa
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